México, policía federal

Tresmiedos era un hombre de estatura media, rechoncho por los excesos alimenticios, con un negro mostacho bajo una nariz ancha, tez morena y aspecto mestizo. Era fumador, bebedor empedernido y malcarado, de ésos que escupen después de bajar la ventanilla del automóvil y se enjugan el exceso de saliva con un fuerte restregón del dorso de la mano izquierda sobre la cara en la que dibujan una sonrisa burlona. Después de varios años patrullando las calles del Distrito Federal, durante los cuales construyó su leyenda brutal y se ganó el sobrenombre de Tresmiedos, más por chusquero y trilero que por aplicado en el estudio, pudo promocionar a la categoría de inspector. Recorrió varias unidades de lucha contra el narcotráfico y acabó dirigiendo una de homicidios y secuestros después de haber sido investigado por abusos, torturas y colaboración con grupos delincuenciales. Sus compañeros le llamaban Tresmiedos porque éste se jactaba de producir en sus víctimas los más profundos temores: miedo al dolor, miedo a la muerte y miedo al olvido.

-¡Pronto te reunirás con los tuyos!- le advirtió una mujer enjuta de cabellos grises recogidos fuertemente en una coleta corta, abuela de uno de los secuestrados y asesinados que él había procurado quedaran olvidados en los cajones metálicos y grises de un lóbrego archivo; siempre previo pago. Era un hombre maldito, pero no parecía importarle.

Una mañana, después de una mala noche producto de un dolor punzante en el pecho que no le había dejado dormir, se dirigió con su patrulla camuflada a la delegación de Coyoacán, lugar desde donde habían reportado un homicidio. Al llegar, el escenario ya había sido oportunamente acotado por unos agentes uniformados a los que, extrañamente, no conocía. Cuando subió al segundo piso de la casa encontró en el interior de un despacho a un hombre de unos sesenta años de nombre León, éste yacía sobre un charco de sangre coagulada, restos de masa encefálica y varias hojas de papel manuscritas en ruso o ucraniano; a su lado un piolet con mango de madera, algo antiguo. En el piso de abajo permanecía de pie un hombre joven con la cabeza apoyada en la pared y las manos engrilletadas; respondía al nombre de Ramón. Tresmiedos dedujo por su acento que era español. Un escalofrío recorrió su espalda; algo no iba bien. ¡Había estudiado aquel crimen como alumno de la Academia de Inspectores! Su cabeza giraba en torno sin parar. Ahora lo entendía, no había superado el fallo cardiaco de la noche anterior. De repente, una mano apretó su hombro izquierdo inquiriéndole. Al girar, observó horrorizado el rostro huesudo y macilento del nieto de aquella vieja vociferante.

-Tresmiedos, ahora sabes lo que es sentir el terror del recién muerto. Te queda el peor por padecer: el del olvido. Estoy aquí para asegurarme de que lo sufras por toda la eternidad, ¡cabrón!- le espetó el desdichado muchacho mientras se abalanzaba sobre él y hundía fuertemente su mano derecha en la boca del agente corrupto.

El policía había muerto entre esputos sanguinolentos y unos terribles espasmos que le habían quebrado el espinazo, medio desnudo, en una posición ridícula; completamente solo y olvidado.



El saco de cemento

No recuerdo hace cuánto tiempo fui bloqueado en twitter por Don Juan Carlos Monedero, aunque sí recuerdo que Podemos aún no existía. Este señor únicamente pertenecía a CEPS, esa oscura organización llamada que tanto ha colaborado con el no menos oscuro régimen chavista. Era un personaje casi anónimo en España. El bloqueo fue fruto de una discusión que mantuve con él en la que pretendí arrostrarle frente a sus múltiples contradicciones e ignorancia de la Venezuela real, la de barro y aguas fecales. No me sorprendió en absoluto que un individuo de ideología y naturaleza radical actuara de esa forma. Ni tan siquiera este profesor universitario soñaba con alcanzar algún día el poder. No hace mucho lo fui del mismo modo por la candidata de Ciudadanos a la presidencia de la Generalitat Valenciana, Doña Carolina Punset, esta vez  como consecuencia de una conversación mantenida al respecto de su postura frente al conflicto lingüístico e identitario valenciano. Como es habitual -en esto el partido Ciudadanos no es innovador- evadió la respuesta y se limitó a comparar al valencianismo tradicional, aquél regionalista y defensor del vigente Estauto, con el nacionalismo catalán y vasco, lo que dejó al descubierto su supina ignorancia sobre la política valenciana, hecho que le expuse. Craso error. No hubo en ese momento respuesta por parte de la washingtoniana. Más tarde, sería conocedor de su público desdén por el mal llamado "blaverismo" y por el catalanismo, de los que decía de sus militantes que "caben en un taxi". La concejala alteana -por residencia- pretende participar de ese jacobinismo un tanto prematuro que teoriza su líder nacional Albert Rivera y niega la singularidad -que íntimamente sí reconoce a su Cataluña familiar- al pueblo valenciano. Sin embargo, algo de importancia debieron conceder en su formación política a la polémica, cuando, en un intento atropellado de corregir el error, añadieron la opción, que hasta entonces no existía, de valencià en su página web. No le di relevancia al abrupto colofón de aquel virtual diálogo. Es al tiempo cuando, observando algún tuit que denunciaba la existencia de un supuesto "tic" que impele a Doña Carolina al bloqueo indiscriminado del tuitero disidente y producto de mi morbosa curiosidad, consulté el estado de mi cuenta respecto a la suya: ¡Bloqueado! Al contrario que en el caso del señor Monedero, esta vez sí me sorprendió. Los miembros de este partido se pretenden moderados, liberales y socialdemócratas a partes iguales. Más aún si considero, después de un ejercicio de autoanálisis, soy público objetivo de sus propuestas, dado mi perfil personal y político. He de admitir que, además de la ingrata sorpresa, me generó la desazón de quien se siente huérfano. Otra opción, otra alternativa que caía estrepitosamente para mí y para los míos. Mi voto volvía a buscar irreflexivamente el calor y confort del tradicional.
Ciudadanos, el partido, es un proyecto que alcanzará un indubitado éxito en las próximas citas electorales. Es un buen producto, con un reluciente, atractivo y elaborado packaging. Sin embargo, aún carece de contenido sólido y sus candidatos, a vista de lo sucedido, sufren de bisoñez y sus reacciones son pueriles. Deben endurecer la coraza, aprender la habilidad del político tradicional, y evitar desprender el desagradable hedor de la soberbia propia del adolescente barbilampiño. Corren el peligro, en la Comunidad Valenciana y en el resto de España, de acabar adoptando el papel de saco de cemento, de mera argamasa que afirme el decadente poder del Partido Popular, de ser percibidos, dramáticamente, como aquel parvenu que realizó el servicio militar en los paracaidistas.
 

Al partir, un beso y una flor...

El otro día volví a compartir mesa y velada con un grupo de venezolanos en un coqueto restaurante del distrito de Salamanca de Madrid, con lo que me se me presentó la oportunidad, de nuevo, de profundizar más en el conocimiento de la realidad de los venezolanos. La mayoría de ellos eran residentes en nuestro país. Uno de ellos, sin embargo, lo es en Miami, EEUU. Todos, sin excepción, se consideran exiliados voluntarios que huye de la inseguridad en cualquiera de sus expresiones. Para mí, la novedad la representó aquél que ha establecido su base en el estado de la Florida norteamericana. Es un empresario, hombre carismático y ocurrente de inquietudes políticas que tuvo que huir de su Maracaibo natal empujado por las amenazas del hampa a su integridad y a la de su familia, así como por las presiones del régimen en su calidad de comprometido con el proceso político. Explicaba, con su gracejo "maracucho" (de los naturales de Maracaibo), para mí desternillante, que cuando residía en Venezuela pasaba más tiempo preocupado por su seguridad y la de los suyos o en la búsqueda de productos o bienes básicos que centrado en el desarrollo de su negocio. Es lo que en economía se conoce como un problema de coste de oportunidad: el tiempo que se invierte en un menester vacuo en términos económicos es tiempo perdido en el esfuerzo empresarial. Debido a esta situación decidió desechar Venezuela como base de sus negocios y establecer en Miami su residencia social y familiar. Allí disfruta de los beneficios propios de una economía dinámica de libre mercado y de la seguridad ciudadana y jurídica que le provee la democracia "gringa". Su negocio y familia prosperan, lejos, eso sí, de su tierra. Asimismo, como persona interesada por los asuntos políticos nacionales e internacionales -se declaraba muy interesado en la situación política española- entre plato y plato de una excelente cena de "picoteo", me interpeló para que le expusiera mi parecer sobre la situación actual y previsión a corto plazo, así como sobre la irrupción del hispano-chavismo representado por Podemos. Yo le expliqué, con una croqueta o un pedazo de pulpo en la boca y gesticulando como sólo los españoles sabemos hacer, que el análisis coyuntural no es posible sin entender los antecedentes históricos desde la Transición. Sintetizar toda esa información en el tiempo que dura una cena, aunque ésta se extienda hasta la madrugada, es harto difícil. Lo intenté exponiendo una suma de factores de resultado incierto, desglosándolos de la siguiente manera: grave crisis económica, ya atenuada por una buena política exterior y económica del gobierno de Mariano Rajoy que han recuperado la confianza exterior en el mercado español; corrupción política no atajada, cuando no consentida, de los dos grandes partidos nacionales; el anhelo irreflexivo, a veces impuesto, del español medio por sentirse de izquierdas y su elevado grado de ignorancia, voluntaria o no, de las consecuencias de la aplicación de presupuestos marxistas y de ese subproducto ideológico que es el Socialismo del Siglo XXI; la renuncia del conservadurismo español a los valores propios de la democracia-cristiana; aparición de la autodenominada tercera vía del Ciudadanos de Albert Rivera que representa una confusa fusión de progresismo social, liberalismo económico y un jacobinismo, quizá inoportuno, que pretende liquidar, y vive Dios que es lo deseable, los nacionalismos periféricos; etc. Por suerte, todas aquellas divagaciones propias del que juega a estadista, se vieron interrumpidas cuando nos fue servida una batería de postres dulces, y con la mezcla en el paladar de los sabores empalagosos de la tarta de queso y la marquesa de chocolate, todos, sin excepción, declaramos nuestra admiración por el más grande de los trovadores que ha dado la cultura hispana, mi paisano Nino Bravo, prosiguiendo con el repaso de los innumerables buenos recuerdos del paso por la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia de la mayoría de los comensales, de las anécdotas profesionales y personales, de las amistades y enemistades alejadas por el espacio y el tiempo, todo ello con la mirada tierna del que mira hacia el pasado buscando una juventud perdida y un país que ya sólo existe en su recuerdo.


¡El Kalashnikov que lo coja otro!


Muchos son los asesores españoles que participan en el proceso revolucionario venezolano: reputados profesores de derecho constitucional, politólogos o miembros de la banda terrorista ETA. Más allá de la mera motivación pecuniaria -a la que no renuncian- está la de utilizar al país sudamericano como campo de pruebas de teorías políticas, sociales, jurídicas o filosóficas de tendencia más o menos marxista. Han contribuido pues a desarrollar ese ideario conocido como "Socialismo del s. XXI", que no es más que una presunta actualización y adaptación -en ocasiones absurda dado el cúmulo de conceptos antagónicos o la improvisación teórica en su desarrollo- del socialismo trasnochado y desdeñado por las democracias europeas. Estos asesores son herederos intelectuales del espíritu revolucionario que imbuyó la España de los años treinta del pasado siglo y de los sucesivos gobiernos "frentepopulistas" nacidos de la convulsión republicana. Son herederos en consecuencia del fracaso de la sectaria "república de nuevo tipo" consagrada por la Internacional Comunista o  "Komintern" -que ahora pretenden establecer en Venezuela-. También, participan de aquel ímpetu izquierdista surgido de la oposición al régimen franquista y de la posterior transición política a la democracia, que pretendía la implementación de modelos sociales o económicos inconcebibles en la Europa moderna a la que España debía integrarse poco tiempo después. Los militantes de la izquierda que se expresaron más pragmáticos -o quizá más sensatos- abandonaron ideas radicales y buscaron acomodo en las teorías socialdemócratas burguesas más del ámbito nórdico. Sin embargo, la extrema izquierda ha logrado sobrevivir gracias a su afiliación a movimientos nacionalistas o antisistema, manteniendo impertérrita su capacidad de influencia ideológica sobre parte de la sociedad española y el ámbito universitario. Es de éste último de donde proviene la mayoría de miembros de ese consejo asesor -excepto aquellos procedentes de la banda terrorista ETA- que apoya al gobierno bolivarianista venezolano. Son en su mayoría teóricos filocomunistas frustrados por la inadecuación del medio español a sus ideas, en contínua búsqueda de espacios de mayor ductilidad y que en un primer momento establecieron su base  geoideológica en la Cuba castrista, siendo atraídos más recientemente por el proyecto revolucionario del fallecido Hugo Chávez. Las características del país caribeño lo conviertían en objeto de atención de este tipo de doctrinas: gran acumulación de recursos naturales, situación estratégica, larga tradición democrática y capitalista, etc.
Esencialmente las críticas hacia éstos no parten de discrepancias doctrinales -aunque existen- sino de la posición ventajista que les concede el hecho de vivir integrados en una sociedad capitalista acomodada que choca frontalmente con los modelos sociales y económicos preconizados en los que el sujeto de su ejecución sufre la restricción de libertades -por profundamente totalitarios- o la agudización de su pobreza endémica -por la incapacidad del gestor-, con la pretensión ridícula de no ser arrostrados frente a sus contradicciones morales. Además, aprovechando la mutua ignorancia, distorsionan bidireccionalmente la imagen de los contextos, mostrando una falsa precariedad del mundo capitalista del que disfrutan o una inverosímil prosperidad de un país que se halla en el abismo político y económico. Y lo peor, facturan sus trabajos a un estado que carece de servicios públicos que se puedan definir como dignos, convirtiéndose así en mercenarios de visera y manguito.

El jardín de los narcisos




Toda nación que se precie posee su héroe nacional: figura histórica, casi siempre sobredimensionada, que acumula en sí todo un catálogo del virtudes y características étnicas que terminan por ensalzar el sentimiento de pertenencia. Asó, por ejemplo, tenemos a Juana de Arco, orgullo nacional francés y paladina de la fe católica, o a Simón Bolívar, Libertador de la Gran Colombia y notable criollo que desafiara, para acabar derrotando, al poder imperial de una España rehén del poder napoleónico. Es indudable la naturaleza extraordinaria de personajes históricos como éstos, o su influencia más o menos directa en el devenir de sus respectivos países -no desdeñemos la valentía demostrada en el campo de batalla y el martirio sufrido por la Doncella de Orléans o el indubitado carisma o resistencia (ver Campaña Admirable) propios del caraqueño-. No lo es menos la manipulación -legítima a tenor de su funcionalidad- que sufren sus biografías, a consecuencia de la cual, pueden ser añadidos rasgos sobrenaturales en el caso de la gala, o incluso raciales en el caso del caribeño. También, y por acción de esa manipulación, pueden resultar escatimados otros por menos atractivos o políticamente inconvenientes, como la personalidad esquizoide de la francesa o la pertenencia a la oligarquía terrateniente del líder sudamericano. Se configuran pues como verdaderos glosarios del sentimiento patrio. Su alabanza y devota defensa son deber del buen patriota.
Por otro lado, constato la existencia de otras figuras de rango menor, que no poseyendo las características de los héroes nacionales ni su relevancia histórica, sí que ocupan lugar análogo en el sentimiento de colectivos más reducidos, cumpliendo así una función similar. Es éste el caso del fallecido escritor valenciano Joan Fuster i Ortells, figura referente del fenómeno -acaso posmoderno- del catalanismo sucursalista establecido en la Comunidad Valenciana. Elevado a los altares de la intelectualidad izquierdista, cualquier crítica dirigida contra su figura es inmediatamente respondida por la militancia catalanista con vehemencia, dogmatismo y el lanzamiento de una batería de clichés -tan del gusto de la izquierda española- hacia el disidente: españolista, fascista, franquista, etc. Estas diatribas buscan accionar los mecanismos que activan esos complejos psicológicos tan interiorizados por la sociedad española y valenciana, por mor de los cuales el individuo huye irreflexivamente de posiciones ideológicas contrarias a la doctrina. Curiosamente, este advenedizo pseudonacionalismo valenciano, en los estertores del anterior régimen y por mandato del verdadero nacionalismo del que es subsidiario, hizo suyo el uso y abuso de aquel complejo, otrora instrumentalizado por el franquismo, por el que el valenciano se avergüenza de la fonética y modismos presuntamente poco refinados, propios de su lengua vernácula, así como de sus costumbres y folclore, con el único objetivo de superponer una lengua distinta a la propia y crear el tan anhelado àmbit ligüístic. El natural transcurrir del tiempo y una mejor formación cultural del ciudadano que refuerce la personalidad colectiva, son antídoto ideal para esta psicopatía impuesta. Mientras la sanación definitiva llega, aquellos intelectuales, narcisos de un jardín imaginado, defensores de la fe fusteriana, seguirán en sus templos cuales sacerdotes egipcios, hieráticos, depositarios de la verdad y guardianes celosos de la cultura valenciana, alejados de un pueblo al que pretenden someter, imaginándose participar en una de aquellas tertulias celebradas en el simposio de la casa de Pericles, sentados a un lado de la hetaira Aspasia o del mismísimo Aristóteles, o departiendo, quizá, en un burdel parisino, envueltos de una nube de humo, con Toulouse-Lautrec, que, realizando algún bosquejo, ríe divertido las gracias y vulgaridades de las prostitutas que lo rodean, gustándose a sí mismos, concediéndose la razón autocomplacientes y permaneciendo enrocados en su jacobinismo -como particular versión republicana del despotismo ilustrado-. Pero, muy a su pesar, deambularán perdidos, huérfanos de la contundencia histórica de la Atenas clásica o de la deliciosa estética del París de finales del XIX, buscando un espacio -tal vez la modernista, industrial, burguesa y falsamente cosmopolita Barcelona-, que se ajuste a su transcendencia intelectual, ya que, en algún momento, despreciaron el suyo natural, la tierra valenciana, escenario de tanta contundencia histórica o delicia estética como sus hijos ansíen. Como costaleros, los émulos del vanidoso personaje mitológico, sostendrán en procesión a su santo -héroe nacional de la impostura y esteta de la rendición y el bondage cultural- idolatrándolo cual hermosa flor de verde tallo y pétalos de colores brillantes. Con tal de insuflarle vida, su devotos inyectarán al despojo vegetal, a modo de savia, el líquido viscoso y gris de la mediocridad subvencionada, para así mantener el artificial esplendor de su obra. 
Sin embargo, a ojos del valenciano leal y orgulloso, aquel jardín exaltado por el poeta valenciano Al-Russafi, aquél donde moran los legítimos héroes de la Patria, seguirá, para decepción de los devotos de Fuster, mostrando la rotunda belleza de sus insignes flores: Francesc de Vinatea, defensor de los fueros y Reino frente a Alfonso IV de Aragón; Joanot Martorell, autor del "Tirant lo Blanch", novela caballeresca referente del mismísimo Miguel de Cervantes; los papas Calixto III (Alfonso de Borja) o Alejandro VI (Rodrigo de Borja), dominadores de la Italia de transición a la Edad Moderna; San Vicente Ferrer, dominico milagrero, miembro y vocero del consejo que resolviera la cuestión sucesoria, fallecido sin descendencia el rey aragonés Martín I el Humano, con la redacción del Compromiso de Caspe; Luis de Santángel, judío converso, que siendo funcionario de Fernando el Católico procurara financiación para la audaz empresa del genovés Cristóbal Colón; Juan Luis Vives, figura cumbre del humanismo y la pedagogía europeos, perseguido y exiliado por su origen judío; Joaquín Sorolla, el pintor que representara magistralmente y como nadie la luz mediterránea; Vicente Blasco Ibáñez, periodista, escritor, político y utopista, cuyo cadáver repatriado fuera recibido en loor de multitudes, cubierto su féretro con la Reial Senyera y sepultado en la capital valenciana, para convertirse, años más tarde, en inspiración del guión del largometraje norteamericano "Los cuatro Jinetes del Apocalipsis"; Manuel Ferri Llopis, más conocido como Nino Bravo, el más relevante e influyente trovador que ha dado la tierra valenciana, admirado hasta la idolatría en Iberoamérica; etc. 
Sus actos, producto de la preclaridad de sus mentes o de la natural virtud, han tenido repercusión en la historia, en las artes o en la política universales. La suma de todas aquellas glorias, de sus hechos, configuran y modelan la identidad de un pueblo y una tierra que merecen, sin dudarlo, la prevalencia, nunca el sometimiento y disolución en un proyecto político-cultural delirante de nulo rigor histórico y científico que el suecano Joan Fuster ayudó a impulsar con su ruborizante colaboracionismo.

El triángulo antitripartito

¿Hacia dónde se dirige la política valenciana? ¿Qué escenario se dibuja en el horizonte? El desgaste más que evidente del Partido Popular de la Comunitat Valenciana (PPCV) podría suponer la entrada a escena de un tripartito progresista compuesto por PSPV, EUPV y Compromís, un tripartito al estilo catalán o gallego. La experiencia nos ha demostrado lo nefasto de gobiernos de este tipo. Éstos han supuesto un retraso para las autonomías que han gobernado y una verdadera vacuna antiprogresismo que asegura gobiernos conservadores por décadas. ¿Está la Comunitat Valenciana preparada para soportar un gobierno autonómico de este tipo? Y digo "un" como sinónimo de "único", porque si sumamos la incapacidad de gestión intrínseca a la izquierda política y el coqueteo enfermizo de ésta con el catalanismo resulta imposible deducir una renovación del hipotético apoyo del electorado valenciano a este tipo de aventuras. Sin embargo, por mucho que la vida de esta comunión izquierdista sea considerada efímera no lo es tanto si observamos la actual situación crítica de España. Los estragos que podría perpetrar se verían potenciados y su reparación previsiblemente sería costosa y lenta. El valenciano debe hacer uso de su imaginación e inteligencia para acabar deduciendo que ésta no es una alternativa viable o, en otras palabras, un lujo que pueda permitirse. Pero ¿el PPCV está en situación de reeditar el apoyo conseguido en citas electorales anteriores y continuar erigido por el pueblo como muro de contención de políticas jacobinas, manirotas y catalanizadoras? Es muy previsible que no. El desgaste de esta formación es evidente por razones harto conocidas: corrupción cuasi estructural; actitudes despóticas fruto de la eternización en el poder; liderazgo carente de carisma;  etc. Como daño colateral, pero no tan accesorio, el PPCV arrastraría en su caída al valencianismo formal que otrora fagocitara, dando así vía libre al catalanismo inmanente a la izquierda valenciana.
Es obligación de la sociedad valenciana responsable el diseño y exposición de alternativas al escenario "tripartítico". El mensaje que resulte del debate de ideas podrá ser asumido por el electorado si es difundido con antelación -existe tiempo suficiente antes de las próximas elecciones autonómicas- y su contenido es claro e integrador de las diferentes formas de "valencianía". La propuesta general podría articularse desde la aceptación de tres conceptos que formarían el "triángulo antitripartito":

-Autonomía cultural: La cultura valenciana es singular, propia y madura por lo que no se admiten injerencias ni tutelas.

-Trinlingüismo: El castellano y el valenciano son las lenguas cooficiales en la Comunitat Valenciana, conviven y convivirán en armonía. Por último, pero no menos importante, se realizarán los esfuerzos necesarios para asegurar la óptima enseñanza en inglés de las nuevas generaciones.

-Lealtad al Reino de España: El valenciano acepta con naturalidad su españolidad, cree en el proyecto común y entiende España como la casa común de todos los pueblos que la componen. La Comunitat Valenciana no debe perder el tiempo en replanteamientos identitarios, debe esforzarse en crecer en el contexto de una Nación integrada en la Unión Europea. El valencianismo eficaz es la exaltación de lo valenciano, pero éste no excluye y su aspiración es universal: de la Comunitat Valenciana a España y de España al Mundo.

Ésta es sólo una propuesta. Esperamos muchas más de aquellos que aman su tierra para así configurar la Comunitat Valenciana del futuro.

¡Vixca la Comunitat Valenciana¡ ¡Viva la Comunitat Valenciana!

El perro sarnoso

Recuerdo que una de las imágenes más impactantes del primero de mis múltiples viajes a Venezuela -es el caribeño un país al que estimo profundamente- fue la de un chucho (cacri) que deambulaba, ocupado en la cacería de un mendrugo de pan o de cualquier otro despojo, por la estación de autobuses de la ciudad de Maracay. Fue la primera ocasión en la que veía un can paciente de sarna. El animal carecía de pelo que cubriera su piel sangrante por la acción agresiva de sus patas combatiendo el prurito. Por supuesto, era mal recibido por la gente a la que se aproximaba, e incluso, se esforzaba por esquivar las patadas lanzadas por algún transeúnte. Huelga decir que aquella fue una visión desagradable y violenta. Esta instantánea en mi memoria pasó a engrosar el amplio catálogo de imágenes negativas sobre Venezuela que, por desgracia, dibujan en mi mente un escenario de subdesarrollo: carreteras mortales de puentes caídos y socavones (huecos) de profundidad abismal; tropas regulares del ejército expeditos en funciones de policía civil; niveles de delincuencia cuyas mortales consecuencias alcanzan cotas de conflicto bélico; enormes bolsas de marginalidad urbana; corrupción estructural; inflación galopante y control de cambio de divisas; inseguridad jurídica para las inversiones extranjeras; confiscaciones masivas y arbitrarias de bienes privados; cubanización de la sanidad e instituciones militares; limitación a la libertad de expresión; etc. Es paradigma de país iberoamericano de riqueza inmensa y gestión pésima, sin que, a éste, le quede recurrir a la excusa victimista propia de naciones económicamente sometidas al "Imperio Yanqui", dado que los recursos naturales tales como los hidrocarburos y su explotación son de titularidad nacional desde que el gocho Carlos Andrés Pérez, ya fallecido, así lo decretara siendo presidente allá por los años setenta del siglo XX. A pesar de este panorama decepcionante siempre he percibido una firme voluntad del venezolano medio por voltear la situación, tomar el timón y virar el rumbo hacia aguas prósperas aprovechando corrientes de desarrollo. Sin embargo, aquél tropieza una y otra vez con algún elemento que se erige en muralla infranqueable, elemento casi siempre antropomorfo y de rol político. El denodado y reiterado esfuerzo se convierte, pues, en inane. 
El pasado 7 de octubre Venezuela ha vuelto a toparse de bruces con el atávico, nefasto y grueso muro de sólidos cimientos que obstaculiza su avance, pues el sabaneteño Hugo Chávez ha repetido victoria en las elecciones presidenciales, dando así continuación al período ominoso de esa V República de la que el Jerjes barinés es padre y cuyo siniestro rostro he esbozado. La esperanza personificada en el caraqueño Henrique Capriles se ha esfumado, escapando por debajo del portón metálico que cierra celosamente la empalizada y que mantiene rehenes a los aristócratas (en el sentido platónico). La responsabilidad del propio pueblo en este dislate será juzgada por la historia y castigada severamente, si así procediere, por los hechos futuros. 
Los buenos recuerdos y sensaciones siempre vencerán en el concurso de mi memoria: los sabores, olores y colores; la inmensidad del Lago de Maracaibo; los atardeceres del Sur del Lago sobre su apabullante naturaleza; el calor sofocante en una finca de ganado; el sonido evocador de la música de Simón Díaz en mis viajes por el Llano; la espontaneidad y encantadora improvisación de sus gentes; el desmesurado optimismo de su pueblo y su tenaz capacidad de sobrevivir a la adversidad; mi admirado "petejota" Neuro Nava (q.e.p.d); las atenciones y el cariño de mi familia política; el amor de mi mujer; los hermosos rizos de mi hija... Sin embargo, no podré evitar que la patética imagen del cánido sarnoso de mirada profunda y lastimosa como suplicando una muerte digna se pasee fantasmagórico por mi mente para recordarme, triste, la realidad de Venezuela. Y aunque aquella bendita tierra es ya un poco mía, son los hijos de Venezuela los llamados al sacrificio bondadoso de ese espectro que atormenta mi memoria y su propia existencia.

Las conclusiones del Profesor Metáforo: Las Murallas de Jerusalén

Sitúense la Europa del siglo XI, observen el contexto social, el económico, el político, el cultural, el científico-tecnológico, etc. Salvo conspicuas excepciones la mayoría de individuos vivían en la miseria material e intelectual, moraban, pues, en un espacio sumergido en la penumbra de mera transición en la evolución humana. Sin embargo, es un siglo en el que contemplamos, como en casi todos los de la historia humana, admirables gestas impulsadas por la FE. Gestas como la llevada a cabo por los primeros cruzados en el año 1099 -año de la muerte de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, en Valencia- que, tras largo asedio, acabaron tomado la ciudad santa de Jerusalén en nombre de Dios. Deténganse un momento en analizar el entorno de esta efemérides perdida en la memoria: medios tecnológicos disponibles y distancia desde el punto de partida al destino, de Europa a Oriente Medio. ¡Qué inconmensurable potencia la de aquel motor llamado FE! Es un concepto éste que, al contrario de lo aceptado por la  mayoría, se escapa de los religioso. No en vano, la FE, puede generarse en torno a un sentimiento propio, íntimo, endógeno, fruto de la RAZÓN y libre de prejuicios. Sin embargo, como todo lo humano, posee doble faz. El pertinaz "Yin y Yang". Hay quien hará uso de la potente herramienta con fines positivos y quien lo hará con fines egoístas y/o abyectos basados en la falacia o en la media verdad.
La sociedad española enfrenta una crisis por la que todo lo establecido y normalmente aceptado se cuestiona y sus estructuras políticas, económicas y hasta morales se tambalean. Los miembros de esa sociedad habrán de situarse unas veces del lado del sitiador y otras del defensor. De su FE en la bondad y certeza de su proyecto, España, y en el inexcusable éxito de la empresa dependerá que vuelvan a caer "las Murallas de Jerusalén".

El Profesor Metáforo

Las conclusiones del Profesor Metáforo: Pirro vs. ETA

"¡Otra victoria como ésta y estaré perdido!", celebérrima frase del rey epirota Pirro que, pese a conseguir la segunda victoria frente a las tropas de Roma en la batalla de Asculum, exclamó con pesimismo al ver que sus mejores y más veteranos soldados habían perecido en el enfrentamiento. Al final de la contienda el contingente griego sería derrotado por una Roma emergente y aquella victoria reducida a convertirse en sinónimo de futilidad.
El Estado Español corre el peligro de acabar como aquel insigne heleno, vencido por el terrorismo etarra en una guerra en la que acumula innumerables victorias. Sin embargo, en este caso no sería consecuencia directa de sacrificar sus mejores tropas en pos de la victoria final -sacrificio que efectivamente ha existido-, sino por su falta de determinación, por una acumulación de complejos históricos que le atenazan y por una insana ingenuidad. El rey de Epiro, al menos, demostró audacia, gallardía y capacidad de sacrificio en la ejecución de su empresa.
España puede haber conseguido su "victoria pírrica" frente al ofídico enemigo .

El Profesor Metáforo

Las conclusiones del Profesor Metáforo: De putos y deportistas olímpicos

Dice el tratado del buen prostituto femenino (gigoló) que "el prostituto caminará de la mano de su patrocinadora simulando cariño y agradecimiento con el objetivo de que aquélla se sienta amada y admirada". Asimismo dispone que "el profesional permanecerá junto a la mujer libre de coacciones" y que "en contraprestación por sus servicios, recibirá recompensa de naturaleza puramente pecunaria, dádivas y/u otro tipo de favores". 
Los deportistas olímpicos de convicciones nacionalistas -por los nacionalismos periféricos- inscritos en la delegación olímpica española que reiteradamente expresan su desafección por todo símbolo patrio -por España- y afirman competir bajo el pabellón rojigualda en defecto de alternativa, son como aquellos profesionales del sexo -los putos-, es decir, prostituyen su talento deportivo a cambio de contraprestación económica -las menos de las veces- y/o por la proyección profesional que reporta la participación en combinados españoles que compiten a nivel supranacional, por lo que les es de aplicación, por analogía, el tratado antes mencionado. Sin embargo, estos atletas omiten deliberadamente el cumplimiento de aquel contrato tácito y repudian de manera continuada a su patrocinadora, sin que a ésta última se le pueda imputar dejación en la ejecución de ninguna de las condiciones pactadas. Son, en conclusión, pésimos "prostitutos".

El profesor Metáforo