Nación de conejos

¿Qués es España? ¿Quién puede responder a esta pregunta tan simple a la par que tan controvertida? Si realizamos un brevísimo análisis etimológico del sustantivo España, responderíamos que se trató, en origen, de la voz fenicia i-spn-ya, cuyo significado es "tierra de conejos", vocablo que derivaría más tarde en el más conocido de Hispania, uso del cual hicieron los romanos para designar cada una de las tres provincias creadas por ellos en la Península Ibérica: Hispania Ulterior Baetica, Hispania Citerior Tarraconensis e Hispania Ulterior Lusitania.
Sin ánimo de que el análisis de este polémico concepto se quede en lo puramente lingüístico y con el afán de responder a la pregunta que encabeza esta reflexión escrita, definiré sucintamente a España como una nación soberana miembro de la Unión Europea, que establece su origen, como unión geo-política, con el enlace matrimonial de los monarcas Isabel de Castilla y Fernando de Aragón a finales del siglo XV, y con las conquistas bajo su reinado del Reino Nazarí de Granada en 1492 o del Reino de Navarra en 1512. Si atendemos estos dos someros análisis lingüístico e histórico sobre qué es España, la resolución del dilema es sencilla. Sin embargo, la reiterada invocación al revisionismo sobre el modelo territorial, así como la confusión de los conceptos de estado y nación, generada por la ejecución de ejercicios de retórica "malabar" por parte de nuestra clase política, convierten a este país en un caso excepcionalmente negativo dentro del conjunto de democracias occidentales, haciendo imposible, en consecuencia, la respuesta a una cuestión tan simple.
Para corregir esta anormalidad debería asumirse la permanencia de ciertas estructuras políticas comunes como respuesta a nuestra necesidad humana de organizarnos social, política y económicamente, exigiendo entonces el cese del continuo bombardeo a los cimientos de aquéllas y dejando de lado absurdas rencillas entre ideologías de tal o cual color, siempre en pro de un bien mayor.
A tenor del pavor que la sola pronunciación de la dichosa palabra provoca en ciertos individuos, aquellos mamíferos del orden de los lagomorfos a los que hacían referencia los fenicios, debieron mostrarse en su encuentro como unos fierísimos y "mixomatosos" devoradores de hombres. Sin embargo, los conejos son animales de la naturaleza de pequeño tamaño y actitud huidiza que la imaginación calenturienta y acomplejada de algunos trasmuta en temibles asesinos.

Aula, riqueza y siete llaves al sepulcro de los reinos de Taifas

"Aula, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid", así rezaba el lema acuñado por Joaquín Costa, el más destacado representante del movimiento regeneracionista de finales del siglo XIX. Este lema resumía en tres conceptos metafóricos las soluciones reales que exigía una España despojada de su condición de potencia imperial en la debacle de 1898. "Aula", para educar a un pueblo considerado manejable por analfabeto; "despensa", para acabar con la miseria física del hambre; y, por último, "siete llaves al sepulcro del Cid", para enterrar definitivamente la memoria fútil de un pasado de gloria guerrera.
En síntesis, los regeneracionistas, aunque influenciaron notablemente el pensamiento político de principios del siglo XX, no desarrollaron un programa que propusiera políticas concretas, quedándose en la superficilidad de la mera exposición y exaltación de ideas vastas. Además, sugirieron la absurda ruptura con un pasado histórico que consideraban era la raíz de un aislacionismo contra-europeo y enemigo del progreso. Definieron al régimen de la Restauración como "oligarca y caciquil", un régimen que estaría sirviéndose de unas "masas pobres y analfabetas", mayoritariamente agrarias, para garantizar la permanencia del sistema de alternancia en el gobierno de los dos partidos dinásticos, el conservador de Cánovas del Castillo y el liberal de Mateo-Sagasta, el llamado sistema de turnos. Apostaron, además, por un estado laico y, como verdaderos visionarios, por la europeización del país como solución a su decadente aislacionismo.
Si bien aquel movimiento podría ser declarado utópico u obsoleto, podría también ser considerado en su esencia de plena actualidad. Los contextos difieren claramente, sin embargo, no se puede negar la existencia de un sentimiento pesimista similar al experimentado por los regeneracionistas, pesimismo producto de la suma de los siguientes factores:

-Una economía deprimida como consecuencia de una crisis financiera supuestamente mundial y de un modelo económico basado en el crecimiento vertiginoso e insostenible del sector inmobiliario.

-Una situación política decepcionante dada la degeneración del sistema de partidos políticos hacia una "partitocracia" subyugadora que se revela como incapaz de solucionar o, cuando menos, mitigar las consecuencias del primer factor.

-Por último, una crisis identitaria fruto de los complejos históricos impuestos por el "establishment" y del crecimiento "metastásico" de los nacionalismos periféricos.

En conclusión, esa "partitocracia regente" cual "cacique u oligarca" se sirve, con el objetivo eternizarse en el poder y olvidando por ende los presupuestos de un gobierno justo y eficaz, de un pueblo acomplejado que actúa a modo de "masa analfabeta y rural".

Es momento de fundar un nuevo regeneracionismo de vanguardia que dé réplica a un sistema decrépito, grueso e inútil, reinterpretando el lema de Costa y transformando aquellos conceptos metafóricos en los siguientes: Aula: concepto plenamente vigente ya que aunque la alfabetización en España ronda el cien por cien, la educación contemporánea es muy deficiente en lo moral y académico. Riqueza: las hambrunas han sido erradicadas de la Europa Occidental a la que pertenecemos y hemos de aspirar al bienestar de los ciudadanos. Finalmente, siete llaves al sepulcro de los reinos de Taifas:, por la necesidad de una profunda reestructuración del modelo de estado autonómico, ya que éste padece una obesidad mórbida consecuencia de la deglución incontrolada de recursos por parte de unas administraciones multiplicadas que se solapan y que desarticulan el proyecto político común.