Las conclusiones del Profesor Metáforo: Las Murallas de Jerusalén

Sitúense la Europa del siglo XI, observen el contexto social, el económico, el político, el cultural, el científico-tecnológico, etc. Salvo conspicuas excepciones la mayoría de individuos vivían en la miseria material e intelectual, moraban, pues, en un espacio sumergido en la penumbra de mera transición en la evolución humana. Sin embargo, es un siglo en el que contemplamos, como en casi todos los de la historia humana, admirables gestas impulsadas por la FE. Gestas como la llevada a cabo por los primeros cruzados en el año 1099 -año de la muerte de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, en Valencia- que, tras largo asedio, acabaron tomado la ciudad santa de Jerusalén en nombre de Dios. Deténganse un momento en analizar el entorno de esta efemérides perdida en la memoria: medios tecnológicos disponibles y distancia desde el punto de partida al destino, de Europa a Oriente Medio. ¡Qué inconmensurable potencia la de aquel motor llamado FE! Es un concepto éste que, al contrario de lo aceptado por la  mayoría, se escapa de los religioso. No en vano, la FE, puede generarse en torno a un sentimiento propio, íntimo, endógeno, fruto de la RAZÓN y libre de prejuicios. Sin embargo, como todo lo humano, posee doble faz. El pertinaz "Yin y Yang". Hay quien hará uso de la potente herramienta con fines positivos y quien lo hará con fines egoístas y/o abyectos basados en la falacia o en la media verdad.
La sociedad española enfrenta una crisis por la que todo lo establecido y normalmente aceptado se cuestiona y sus estructuras políticas, económicas y hasta morales se tambalean. Los miembros de esa sociedad habrán de situarse unas veces del lado del sitiador y otras del defensor. De su FE en la bondad y certeza de su proyecto, España, y en el inexcusable éxito de la empresa dependerá que vuelvan a caer "las Murallas de Jerusalén".

El Profesor Metáforo

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