Al partir, un beso y una flor...

El otro día volví a compartir mesa y velada con un grupo de venezolanos en un coqueto restaurante del distrito de Salamanca de Madrid, con lo que me se me presentó la oportunidad, de nuevo, de profundizar más en el conocimiento de la realidad de los venezolanos. La mayoría de ellos eran residentes en nuestro país. Uno de ellos, sin embargo, lo es en Miami, EEUU. Todos, sin excepción, se consideran exiliados voluntarios que huye de la inseguridad en cualquiera de sus expresiones. Para mí, la novedad la representó aquél que ha establecido su base en el estado de la Florida norteamericana. Es un empresario, hombre carismático y ocurrente de inquietudes políticas que tuvo que huir de su Maracaibo natal empujado por las amenazas del hampa a su integridad y a la de su familia, así como por las presiones del régimen en su calidad de comprometido con el proceso político. Explicaba, con su gracejo "maracucho" (de los naturales de Maracaibo), para mí desternillante, que cuando residía en Venezuela pasaba más tiempo preocupado por su seguridad y la de los suyos o en la búsqueda de productos o bienes básicos que centrado en el desarrollo de su negocio. Es lo que en economía se conoce como un problema de coste de oportunidad: el tiempo que se invierte en un menester vacuo en términos económicos es tiempo perdido en el esfuerzo empresarial. Debido a esta situación decidió desechar Venezuela como base de sus negocios y establecer en Miami su residencia social y familiar. Allí disfruta de los beneficios propios de una economía dinámica de libre mercado y de la seguridad ciudadana y jurídica que le provee la democracia "gringa". Su negocio y familia prosperan, lejos, eso sí, de su tierra. Asimismo, como persona interesada por los asuntos políticos nacionales e internacionales -se declaraba muy interesado en la situación política española- entre plato y plato de una excelente cena de "picoteo", me interpeló para que le expusiera mi parecer sobre la situación actual y previsión a corto plazo, así como sobre la irrupción del hispano-chavismo representado por Podemos. Yo le expliqué, con una croqueta o un pedazo de pulpo en la boca y gesticulando como sólo los españoles sabemos hacer, que el análisis coyuntural no es posible sin entender los antecedentes históricos desde la Transición. Sintetizar toda esa información en el tiempo que dura una cena, aunque ésta se extienda hasta la madrugada, es harto difícil. Lo intenté exponiendo una suma de factores de resultado incierto, desglosándolos de la siguiente manera: grave crisis económica, ya atenuada por una buena política exterior y económica del gobierno de Mariano Rajoy que han recuperado la confianza exterior en el mercado español; corrupción política no atajada, cuando no consentida, de los dos grandes partidos nacionales; el anhelo irreflexivo, a veces impuesto, del español medio por sentirse de izquierdas y su elevado grado de ignorancia, voluntaria o no, de las consecuencias de la aplicación de presupuestos marxistas y de ese subproducto ideológico que es el Socialismo del Siglo XXI; la renuncia del conservadurismo español a los valores propios de la democracia-cristiana; aparición de la autodenominada tercera vía del Ciudadanos de Albert Rivera que representa una confusa fusión de progresismo social, liberalismo económico y un jacobinismo, quizá inoportuno, que pretende liquidar, y vive Dios que es lo deseable, los nacionalismos periféricos; etc. Por suerte, todas aquellas divagaciones propias del que juega a estadista, se vieron interrumpidas cuando nos fue servida una batería de postres dulces, y con la mezcla en el paladar de los sabores empalagosos de la tarta de queso y la marquesa de chocolate, todos, sin excepción, declaramos nuestra admiración por el más grande de los trovadores que ha dado la cultura hispana, mi paisano Nino Bravo, prosiguiendo con el repaso de los innumerables buenos recuerdos del paso por la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia de la mayoría de los comensales, de las anécdotas profesionales y personales, de las amistades y enemistades alejadas por el espacio y el tiempo, todo ello con la mirada tierna del que mira hacia el pasado buscando una juventud perdida y un país que ya sólo existe en su recuerdo.


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